sábado, 28 de junio de 2014

El principio del Jazz: ¿Por qué los buenos líderes celebran la incertidumbre?

El paralelismo entre la gestión de una organización y el dirigir una sinfonía puede ser sorprendente: La orquesta sinfónica es una gran empresa que consta de personas con una amplia variedad de habilidades. Estas deben tocar en perfecta armonía sobre el escenario. El talento debe ser gestionado y supervisado. Y la orquesta se inspira en las señales tanto obvias como sutiles que transmite el director de la misma.


Si el trabajo a realizar es un uno excesivamente familiar, como por ejemplo, ejecutar por centésima vez la Quinta Sinfonía de Beethoven, los miembros de la orquesta son susceptibles de caer en una sensación de rutina. Se convierte en el trabajo del director volver a inspirar la pasión. Todo lo que él o ella hace, sirve para recordar a los integrantes de la sinfonía el significado inherente de la obra, así como para darle vida en cada una de las actuaciones que se ejecutan.

Sin embargo, algunos expertos de la alta dirección, en particular, Max De Pree, han llegado a creer que el papel de un gerente de una organización se podría comparar mejor a un líder de un grupo de jazz. Hay más improvisación. Hay incertidumbre. Hay sorpresa- sorpresa que es acogida y aprovechada por los miembros del conjunto.

La creatividad y espontaneidad como rasgos heroicos

La improvisación es una de las cualidades humanas más heroicas. La flexibilidad o la capacidad de desenvolverse con gracia en una situación de presión es la clave de la improvisación, esto genera la auto-confianza y el carisma que desprende el héroe- Albert Murray, The Hero and the Blues

Durante la ejecución de una sinfonía perfectamente marcada, cualquier sorpresa puede o bien ser un fallo, o bien generar uno. En el jazz, la sorpresa es serendipia. Cada miembro es libre de jugar con la sorpresa, tanto para probar nuevas cosas como para permitir que otros construyan en base a esta. Por supuesto, esto requiere acomodar o encajar los fallos, o incluso el fracaso, en el proceso de experimentación.

¿Cómo se ve esto en la práctica? El escritor Matthew Carpenter-Arevalo relató una historia acerca del artista de jazz Chris Washburne en el Foro Económico Mundial hace algunos años:

Un joven Herbie Hancock comenzó a distinguirse como músico tocando el piano con Miles Davis. En su primer espectáculo juntos, Hancock ejecutó un acorde tan feo que anticipó que alteraría con este la ejecución del solo de trompeta de Davis. En su lugar, Davis estaba tan en sintonía con su pianista, que fue capaz de complementar con la nota perfecta y con ello salvar el acorde perdido y, por tanto, la ejecución. Este caso  mostró cómo a partir de la misma fuerza de la sorpresa y el hecho de permitir naturalmente la espontaneidad, se facilita la recuperación. Los errores en una banda de jazz, por tanto, no son vistos como algo que contraría el éxito, sino más bien como una parte inherente del mismo.

Se ha dicho que el sonido de la sorpresa es el jazz- y si hay un gusto que sería bueno que nuestras organizaciones desarrollaran es precisamente este. Sin embargo, la casualidad y la improvisación no ocurren en un ambiente de total anarquía. Hay una arquitectura de guía, lo que ofrece fortaleza y estructura capaz de sostener y apoyar la experimentación, así como soportar el fracaso momentáneo.

Los diseños de algunas organizaciones siguen los exigentes estándares de la música clásica. En el caso de Steve Job y Apple, por ejemplo, el producto no se consideraba terminado hasta cumplir los meticulosos estándares “Mozartianos” de su líder. Sin embargo, en muchas otras organizaciones de hoy en día, un enfoque más “jazzístico” es invaluable, en especial, en entornos de constantes cambios e inestabilidad.

Un enfoque como el del jazz, rompe las rígidas limitaciones y fronteras en la exploración de diferentes caminos y alternativas con los que puede contar una organización. En este contexto, tanto los líderes como los seguidores son libres de experimentar y fracasar. Un beneficio especial de esto, es que son capaces de sentir y experimentar de diferentes maneras las alternativas o formas de llegar al lugar correcto. Un beneficio adicional es que cada miembro del grupo de improvisación se desarrolla y aprovecha creativamente de una forma que un enfoque o contexto más controlado no permitiría.


Artículo escrito por Rob Asghar, traducido por Kreadis, Fuente original: Forbes- The Jazz Principle: Why Good Leaders Celebrate Uncertainty