viernes, 8 de enero de 2016

Hábitos: el camino hacia la mejora

Dice el proverbio:

«Siembra un pensamiento, cosecha una acción;
siembra una acción, cosecha un hábito.
Siembra un hábito, cosecha un carácter;
siembra un carácter, cosecha un destino».

Constantemente nos planteamos propósitos para conseguir las metas que queremos alcanzar. Éstos suelen ser objetivos que consideramos necesarios para nuestro desarrollo personal o profesional.  Algunos de ellos son viejos propósitos sin conseguir debido, a diferentes causas entre las que solemos mencionar la falta de tiempo, de recursos, de ganas, de apoyos, etc. …
Siempre que comenzamos un nuevo ciclo formulamos de nuevo nuestros viejos propósitos pero, si no hacemos algo para cambiar nuestra forma de gestionarlos, es muy probable que acabemos de nuevo sin haberlos conseguido.
Cuántas veces nos decimos “voy a hacer esto para conseguir aquello”, pero no nos ponemos manos a la obra para cambiarlo de verdad.  Nos cuesta tanto empezar… ¡qué pereza! Y así día tras día, mes tras mes y año tras año ¿familiar esta sensación?
La razón es muy simple: tenemos pánico al cambio.  Estamos mucho más cómodos en nuestra zona de confort, nuestra forma habitual de comportarnos, de trabajar, de relacionarnos con los demás, de trabajar con nuestro equipo…., y salir de ella es harto complicado.  Además, con la llegada del nuevo año aparece también la ilusión que le acompaña: "la novedad", "un nuevo comienzo", "todo se puede conseguir". Esta falsa ilusión se suele perder con rapidez si no se la dota de realidad. Y este es el primer paso hacia el cambio.
Para cambiar es necesario PENSAR de forma diferente y ACTUAR de forma diferente.  Nuestro día a día está lleno de hábitos, buenos y no tanto, y son éstos últimos lo que hay que identificar y decidir si es necesario cambiarlos para conseguir lo que nos proponemos.
Si queremos conseguir algo diferente, debemos actuar de forma diferente
y, para ello, debemos pensar de forma diferente


Los hábitos son factores poderosos en nuestras vidas. Son pautas consistentes, a menudo inconscientes, y a través de ellos expresamos nuestro carácter, así como nuestra efectividad... o inefectividad.
Recordemos que los hábitos radican en la intersección entre actitudes (cuánto deseo lo que quiero hacer), habilidades (qué capacidades tengo para hacerlo) y conocimiento (qué formación tengo al respecto). El conocimiento es el paradigma  teórico, el qué hacer y el por qué, la capacidad es el cómo hacer. Y el deseo es la motivación, el querer hacer. Para convertir algo en un hábito de nuestra vida, necesitamos esos tres elementos.
Saber y no hacer, en realidad es no saber. Aprender y no practicar no es aprender. En otras palabras, comprender algo pero no ponerlo en práctica, equivale a no comprenderlo. El conocimiento y la comprensión sólo se interiorizan haciendo, aplicando. Por ejemplo, podríamos estudiar el tenis como deporte leyendo libros y asistiendo a conferencias, pero no llegaremos a conocerlo de verdad si no lo practicamos.
Es probable que no seamos conscientes o no admitamos la enorme atracción gravitatoria que los hábitos tienen en nuestra vida y nuestro comportamiento. Para romper tendencias habituales profundamente enraizadas, además de fuerza de voluntad, es necesario hacer cambios (no necesariamente grandes) en nuestro día a día.



Lo que más esfuerzo lleva es el arranque inicial, pero una vez hecho, habremos conseguido salir de la atracción gravitatoria de la espiral y podremos irrumpir en nuevos niveles de  efectividad personal e interpersonal. Hacemos progresos a través de pasos pequeños y regulares.

A veces el proceso es doloroso. Quizás nos ayude el pensar que el cambio que nos hemos propuesto es un cambio motivado por un propósito superior, y que nuestra decisión nos dispone a subordinar lo que creemos que queremos en favor de lo que querremos más adelante.

La disciplina ha resultado ser el común denominador del éxito. Si bien el esfuerzo en el trabajo, la buena suerte y las relaciones humanas inteligentes son importantes, la persona de éxito ha «desarrollado el hábito de hacer las cosas que quienes fracasan no gustan de hacer». Y no es que a quienes tienen éxito les guste hacerlas, pero su desagrado, pereza, miedo, etc. cede ante la fuerza de su propósito.



Una pequeña guía:
Para comenzar es conveniente identificar viejos paradigmas que pueden haber sido para nosotros una fuente de pseudo seguridad durante años y que actualmente no nos sirven ni nos permiten crecer.

Seguidamente tenemos que establecer un plan de trabajo en el cual hayamos tenido en cuenta las tres áreas involucradas en los hábitos: el conocimiento, la capacidad y el deseo.

  • Elige un hábito que te gustaría cambiar.
  • Anótalo y anota la meta en forma de logro. Haz una lista de los problemas que creaba tu hábito y otra de los beneficios que obtendrás si lo cambias.
  • Una vez comenzado el proceso de cambio, no te permitas retrocesos.  Enfócalo siempre de forma positiva y es aconsejable recompensarte cada vez que consigas un pequeño logro en el camino.
  • Durante todo el proceso visualiza el nuevo comportamiento.
  • Solicita el apoyo de los demás;  además de darte una visión diferente a la tuya de lo que provoca tu “mal hábito” aumentarás tu compromiso para conseguir cumplir con el objetivo propuesto.
No obstante, en todo camino de rosas también encontramos espinas. En este punto, es importante aprender de los fallos cometidos, verlos con actitud de mejora, no de fracaso.


Foto: Jeff Schmaltz

Una vez visto esto, si somos capaces de identificar los hábitos que nos frenan en nuestro camino, y perdemos el miedo al cambio, entonces ya hemos comenzado la ascensión a nuestra montaña, que será nuestro objetivo.
Cuando queremos alcanzar la cima de una montaña, hay muchos pasos que dar entre el comienzo y la cima.  El esfuerzo que tenemos que realizar para seguir dando todos estos pasos es elevado y hay que tener plena convicción en lo que queremos para evitar desfallecer en el camino.  Si no nos imaginamos haciendo cumbre, si no disfrutamos con antelación de lo que será el momento agradable de haber llegado y tener ante nosotros una vista que nos cortará la respiración, nos será mucho más complicado conseguir nuestro objetivo.  Por lo tanto, soñar con aquello que conseguiremos si alcanzamos nuestro objetivo deseado, nos ayudará enormemente durante el trayecto del proceso del cambio.



Bibliografía
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-     Covey, Steven - Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva
-     Goleman, Daniel - La Inteligencia Emocional
-     March, Taran (1998) - Profiting from Patience: TQM Pays Off - ww.qualitydigest.com/nov98
-     Rosenberg, Marshall B. (2008) - Comunicación no Violenta - Aldea Editores
-     Rovira, Alex - Trías de Bes, Fernando - La Buena Suerte
-     Torres i Grael, Roger (1991) - El Placer por el Trabajo Bien Hecho - Pagés Editors